Cuando el 7 de agosto de 2010, Juan Manuel Santos Calderón y Angelino Garzón asumían la presidencia y la vicepresidencia de la República de Colombia, el país comenzaba una etapa de incertidumbres. Había estado 8 años presidido por un político muy singular, Álvaro Uribe Vélez, quien consiguió cambiar radicalmente la situación del orden público en Colombia.
En efecto, tras muchos años de políticas erráticas que llevaron al país a una evidente debilidad del poder público democrático ante la exhibición de fuerza real de la guerrilla, el narcotráfico y los paramilitares, Álvaro Uribe Vélez apostó por una posición de fuerza y dureza contra los enemigos de la democracia colombiana.
La política de Uribe devolvió el país a los colombianos. Las ciudades dejaron de estar sitiadas por los grupos armados y los ciudadanos recuperaron la libertad esencial de poder desplazarse por su país sin el alto riesgo de ser secuestrados o asesinados. Los grupos armados o bien han desaparecido o bien se han replegado a zonas selváticas o montañosas lejanas de las grandes concentraciones de población. Este triunfo de Uribe nadie se lo puede regatear. Y el mundo, ajeno a las luchas políticas intestinas, lo ha podido constatar.
Sin embargo, el final del régimen de Uribe dejaba entrever una serie de sombras que los ciudadanos pudieron percibir de forma inteligente. Resultó arrogante y muy poco democrático el acoso de Uribe y su círculo para tratar de conseguir la segunda reelección presidencial, algo que dio lugar el caldo de cultivo para que la compra de voluntades en tal sentido creara un insoportable aroma de corrupción en las áreas más importantes del gobierno del país. Además se transmitía una de las ideas más dañinas para la fortaleza de la seguridad democrática: el caudillismo. Se trataba de transmitir al país que Colombia no podía sobrevivir si no estaba al frente una persona concreta.
En el ámbito socioeconómico interno, se pusieron las bases para el crecimiento económico pero sin una atención al problema del desarrollo social equitativo y sin abordar el problema de la pobreza de grandes capas de la población. Y en el ámbito internacional, Uribe apostó por una alianza muy fuerte pero excluyente con los Estados Unidos de América al tiempo que se extremaba la tensión, al borde del clima bélico, con los países vecinos de Venezuela y Ecuador y Colombia queda totalmente aislada del conjunto de las naciones suramericanas.
Juan Manuel Santos Calderón era un político que había estado muy ligado al equipo de Uribe. Fue su Ministro de Defensa en los tiempos en que las Fuerzas Armadas colombianas desplegaban una potente labor contra la guerrilla. Las acciones contra Reyes en suelo ecuatoriano o la liberación del grupo de secuestrados entre los que se encontraba Betancourt fueron parte de su labor en el equipo de Uribe.
Proveniente de las clases adineradas e influyentes de Colombia (su familia fundó el periódico El Tiempo y un antepasado suyo fue ya presidente de Colombia), tuvo una sólida formación académica que se completó en prestigiosas instituciones estadounidenses y europeas.
Cuando todo parecía que iba a ser una mera continuidad del uribismo, la realidad ha desmentido las expectativas. Uno de los primeros signos de cambio fue que eligió como vicepresidente de su candidatura al Dr. Angelino Garzón. Era todo un símbolo a la sociedad colombiana de que no iba a ser un gobierno de los ricos a favor de los ricos. El Dr. Garzón ha consagrado su vida a la lucha pacífica y democrática a favor de los derechos de los humildes. Partiendo de su militancia en el mundo sindical en la defensa de los derechos laborales que le obligó a exiliarse temporalmente de su patria a España para salvar su vida frente al odio de los paramilitares, pasó a la política y consiguió la elección de gobernador del Valle del Cauca. Su papel en el gobierno como responsable de la defensa de los derechos humanos de los colombianos tanto de su derecho humano a la vida, como su derecho humano a la libertad como a su derecho humano a unas condiciones dignas de vida ha representado uno de los éxitos estratégicos del presidente Santos.
Sin embargo la figura del Vicepresidente no debe ser el único contrapeso del gobierno de Santos contra las fuertes presiones de los sectores más recalcitrantes de la poderosa oligarquía colombiana. También es preciso un apoyo firme y decidido a las Asociaciones de Consumidores para que consigan que el mercado colombiano sea cada vez más competitivo y por tanto atractivo para los ciudadanos. Este apoyo debe contar ineludiblemente con la presencia relevante del Dr. Ariel Armel, Presidente de la Confederación Colombiana de Consumidores, y los medios de comunicación más independientes y transparentes del país. Así pues, debe haber una defensa cerrada por la permanencia integra del Boletín del Consumidor tal como lo hemos conocido durante estos años y , por supuesto, no puedo dejar de citar a Mercado de Dinero Colombia. En efecto, en sus casi 5 años de existencia (lo celebraremos en marzo de 2012), Mercado de Dinero Colombia se ha puesto a la vanguardia del periodismo de la economía de la gente común con rigor, independencia y calidad. Esto le está haciendo ser el blanco de ataque soterrado de los medios escritos más tradicionales y ligados a los intereses oligárquicos. Pese a ello sigue creciendo cuantitativa y cualitativamente, pero sería muy importante un apoyo de las instituciones a esta labor en beneficio del progreso de Colombia.
Otro de los exitosos de nombramientos del presidente ha sido la designación de Germán Vargas Lleras como ministro de Justicia e Interior. Muy alejado de Uribe y sus próximos en la coalición de Unidad Nacional, ha conseguido en un año convertirse en el ministro mejor valorado en las encuestas y ha logrado sacar adelante importantes reformas legislativas como la Ley de Reparación de Víctimas y la Ley de Restitución de Tierras. Su labor gubernamental le está llevando a ser el referente inequívoco de los sectores liberales del país y por ello mismo será el principal objetivo político de Álvaro Uribe y sus aliados.
En el ámbito internacional, Colombia ha experimentado la más ambiciosa y positiva de sus renovaciones en este año de gobierno. De ser un país aislado en su propia región, y considerado internacionalmente una marioneta de las políticas más reaccionarias de Estados Unidos, Colombia ha sido una de las estrellas emergentes en el escenario internacional. Los pasos dados por Santos han sido inteligentes y coherentes. En primer lugar, se ha desactivado el conflicto permanente con la Venezuela de Hugo Rafael Chávez Frías y el Ecuador de Rafael Correa. Los países hermanos de la Gran Colombia han normalizado sus relaciones como debe ser el objetivo de todos los vecinos. Si esto no era suficiente, Santos con la canciller María Ángela Holguín y la importante labor in situ de María Emma Mejía han conseguido el liderazgo en UNASUR, la asociación de países suramericanos, foro que se convierte en un verdadero germen de una posible y esperanzadora unión económica de esta región. Finalmente, se ha logrado el acuerdo definitivo con Estados Unidos y la Unión Europea para la firma de los Tratados Comerciales.
En el ámbito de seguridad, gestionado por los conservadores, no ha sufrido merma alguna. Es más, se ha conseguido el hito histórico de acabar con el jefe de las FARC, Jorge Briceño (Mono Jojoy) y el dirigente Fabián Ramírez. También se abate a Pedro Guerrero Castillo, cabecilla de la banda criminal Erpac. En definitiva, avanza el triunfo del Estado de Derecho frente a los grupos que lo retan con la fuerza de las armas.
En el ámbito económico, Colombia está sorteando con soltura la grave crisis internacional con un buen ritmo de crecimiento económico y control de la inflación al tiempo que se han puesto en marcha las políticas sociales para extender los beneficios del desarrollo económico a mayor numero de colombianos. Y Colombia se configura como uno de los destinos más estimables de inversiones desde los centros internacionales de decisión.
Y en este sentido es muy importante que se haya comenzado una lucha importante contra la corrupción que contaminó la última etapa del gobierno de Uribe. En el Ayuntamiento de Bogotá, la investigación del carrusel de contrataciones ha supuesto la suspensión del alcalde Samuel Moreno. Pero las acciones más impactantes son las que han afectado al círculo más íntimo del ex presidente Uribe. El más emblemático ha sido la entrada en prisión del llamado a ser el heredero de Uribe (conocido popularmente como “Uribito”) Andrés Felipe Arias por el tema de los subsidios agrícolas en su etapa de Ministro de Agricultura. También ha sido un hecho que ha conmocionado a la sociedad colombiana el encarcelamiento de Bernardo Moreno, secretario general del presidente Uribe, por su papel en las “chuzadas” del DAS contra personajes de la oposición. Estas medidas han hecho mella en el ex presidente Uribe que sigue en defensa de sus colaboradores pese a las evidencias en su contra. Más discutible es que apoye el asilo de Panamá a María del Pilar Hurtado , ex directora del DAS, ya que supone un ataque directo a los principios básicos del Estado de Derecho que él ha defendido con tanta energía durante los 8 años de sus dos mandatos.
El resultado en las encuestas confirma la buena imagen de Santos Calderón: el 71% de los colombianos tiene una imagen favorable del Presidente (Uribe solo tenía el 60% el primer año de su gobierno y su máximo histórico fue del 71% en Junio de 2009). Angelino Garzón tiene una imagen positiva del 56% y Germán Vargas el 55%. Y el 41% piensa que Colombia está mejor que hace un año.
En definitiva, este primer año de Gobierno ha puesto en marcha una nueva Colombia con un nuevo liderazgo y con vocación de crecimiento económico, desarrollo social y liderazgo regional . Confiamos en que el segundo año sirva para consolidar y ampliar estos logros.
En definitiva, este primer año de Gobierno ha puesto en marcha una nueva Colombia con un nuevo liderazgo y con vocación de crecimiento económico, desarrollo social y liderazgo regional. Confiamos en que el segundo año sirva para consolidar y ampliar estos logros.










