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Miércoles, 03 de Febrero de 2010 12:07    PDF Imprimir E-mail
Andrés D.C.: gente que le sabe llegar a la gente

Cada mesa del restaurante es atendida por una pareja de meseros, la cual se encarga de estar pendiente toda la noche de esos clientes. Cada mesa del restaurante es atendida por una pareja de meseros, la cual se encarga de estar pendiente toda la noche de esos clientes.

Del famoso restaurante Andrés D.C. se ha dicho mucho. Su arquitectura, decoración, la ubicación y la rumba son algunos de los aspectos que más resaltan, pero ¿quién está detrás de ese gran despliegue?, Si hay algo que caracteriza a este restaurante esto es su talento humano integrado por jóvenes (de no más de 20 años de edad) responsables de la atención de los clientes, expertos chefs, personal administrativo y, desde luego, quienes se encargan del montaje y ambientación del lugar, en total son más de 300 colaboradores los que trabajan para Andrés Jaramillo y su exitoso proyecto empresarial.

El talento que concentra este restaurante se percibe desde la entrada, tal como afirma Angélica Sierra, “nosotros no queremos meseros “toma pedidos”, queremos una persona que interactúe con el cliente, se convierta en su amigo, que sugiera cosas, que lo conozca, que sean cómplices del comensal”. Por eso, quienes desempeñan esta labor en Andrés D.C. marcan la diferencia no sólo con el tradicional delantal de cuero, sino con la sonrisa y amabilidad.

Un buen empresario es aquel que sabe apostarle al buen servicio, porque sabe que con esto puede conseguir más beneficios. De ahí que un mesero en Andrés debe ser un guerrero, una persona simpática, dinámica y con deseos de aprender. Por eso, después de la selección el personal recibe capacitación en Chía, donde no sólo se le enseña qué es trabajar con Andrés Jaramillo y su filosofía, sino también de vinos, carnes, postres, servicio y actitud.

en Andrés D.C. la capacitación que se recibe incluye el conocimiento de alimentos, bebidas, carnes y servicio. en Andrés D.C. la capacitación que se recibe incluye el conocimiento de alimentos, bebidas, carnes y servicio.

“La gente es disciplinada y responsable, el promedio de edad está entre los 19 y 21 años, son jóvenes organizados, estudian y sacan tiempo para todo. Son universitarios de carreras como publicidad, diseño, cocina, lo cual les permite crecer dentro de la empresa”, asegura el jefe de meseros del comedor “Infierno”, Alejandro Parra, quien lleva trabajando con Andrés cinco años y tiene a cargo 11 mujeres e igual número de hombres, pues la idea es que cada mesa se atienda por parejas.

Para el estudiante de Mercadeo de la Universidad Central, Mario Cárdenas Buitrago, trabajar allí es toda una experiencia. “Estoy aquí desde la apertura del restaurante y he aprendido bastante de manejo de público y atención al cliente. Pese al estrés que manejamos, el ambiente es bueno. Mi idea es abrir puertas, porque los comensales te preguntan qué estudias, a qué te dedicas, se abren puertas”.

Igual piensa la estudiante de gastronomía, Laura Gómez, quien lleva cuatro meses en el restaurante, “lo bueno es todo lo que aprendes y los amigos. La parte del servicio, los licores, la comida, las mezclas de los alimentos. Esto es una familia y todos nos ayudamos. No es un restaurante más. Recuerdo que el 31 de diciembre, atendí unos clientes venezolanos y en el restaurante rifaron un reloj Tissot que valía 1,5 millones de pesos. Ellos se lo ganaron y cuando salieron me lo dejaron de propina”.

Redacción
Bogotá